La educación es uno de los derechos más preciado por la sociedad. La historia de Chile registra que a medida que la república maduró la concepción del Estado como protector social asumió la responsabilidad total, entre otros derechos, de la educación.El 26 de agosto de 1920 cuando se aprobó la Ley de Instrucción Primaria Obligatoria se da un paso muy importante hacia la equidad y la igualdad, porque esta Ley consagraba la garantía de la educación primaria para chilenas y chilenos como un derecho, mucho antes que se hiciera la Declaración Universal de los Derechos Humanos en 1948. Esta Ley consagraba a la educación como derecho, porque tenía algunos calificativos: pública, laica y gratuíta.
En ese tiempo el Estado tenía muy claro que lo público era su responsabilidad y los gobiernos no intententaban delegar público a los privados para que estos generaran lucro con recursos de todas y todos los chilenos. Sin embargo, la oligarquía chilena que siempre ha sido reaccionaria, en esa época señalaban que la presencia del Estado atentaba contra la "Libertad de enseñanza". 90 años más tarde el concepto de "Libertad de enseñanza" se sigue utilizando como pretexto para que el Estado no asuma su responsabilidad y no le quite el negocio al empresariado de la educación.
Pinochet hizo bien su trabajo al dejar instaurado constitucionalmente el modelo neoliberal de desarrollo para Chile, a 18 años de haber dejado el poder y a dos de haber muerto, sigue gobernando a través de sus políticas. La lucha por una democracia plena no ha terminado, en estos 18 años de “democracia” cada vez que demandamos transformaciones que apunten al bien común la explicación para su imposibilidad es la Constitución del 80.
La actual Constitución es la camisa de fuerza para cualquier reforma estructural, entre ellos la educación. Porque si queremos mejores jubilaciones a través de un sistema solidario, si queremos una educación pública de responsabilidad del Estado gratuita y de calidad, si queremos un sistema electoral democrático e incluyente necesitamos un CAMBIO CONSTITUCIONAL. Sin un cambio constitucional y con la actual composición parlamentaria para cualquier transformación dependeríamos de los acuerdos (o negocios) entre la Concertación y la Alianza. Esto nos dejaría la certeza que, una vez más, amplios sectores sociales y populares nos quedaríamos sin representación.
La única vía que garantiza sentar las bases para la transformación profunda del Chile que no nos gusta, es una Asamblea Constituyente y un referéndum de los resultados de este proceso.
El pueblo chileno quiere transformaciones que apunten al bienestar social, exijamos: ¡¡¡¡¡¡¡ASAMBLEA CONSTITUYENTE, AHORA!!!!!!!
18 de junio 2008

